Por qué no cobrar más impuestos, según el SAT

Por qué no cobrar más impuestos, según el SAT

Los daños de la facturación falsa han sido diversos. Bajo la mirada de la autoridad, ésta se ha alimentado del tráfico ilegal de información de todos los contribuyentes, apunta Jonathán Torres.

Expansión

Los fiscalizadores del SAT tienen detectados varios casos de escándalo: declaraciones de impuestos sin revisar, privilegios fiscales para un solo contribuyente, la existencia de un cártel de abogados cuya misión es burlar la ley, condonaciones estimadas en 400,000 millones de pesos (mdp), facturas emitidas por gente presumiblemente muerta y hasta el expediente de una persona física que llegó a facturar 48 billones de pesos.

Por éstas, y otras perlas, el equipo fiscal del gobierno de Andrés Manuel López Obrador sostiene que no es necesario una reforma fiscal que considere nuevos impuestos, sino simplemente aplicar la ley vigente y pagar los impuestos que corresponden. Ni un peso más ni un peso menos.

“Todo mundo entiende como reforma un incremento en las tasas impositivas, pero no estamos pensando en ello; más bien en modificaciones para perfeccionar la ley, que van dentro de una miscelánea fiscal”, cuenta Raquel Buenrostro, jefa del Sistema de Administración Tributaria (SAT). “Consideramos que no es correcto incrementar la tasa tributaria hacia contribuyentes cautivos. Ya tenemos muchos que nos pagan y nos pagan bien. ¿Son ellos a los que les vamos a cargar la mano? No”.

La lucha por el dinero en tiempos de pandemia ha sido feroz. No han sido buenos tiempos para invertir y, sin inversiones, no hay impuestos por cobrar. Las finanzas públicas están en terapia intensiva, muchas son las necesidades que requieren de urgente solución (financiamiento a la salud y a la educación, por citar dos dolorosos ejemplos), al tiempo que los megaproyectos del plan sexenal siguen en pie y las empresas -sobre todo micro, pequeñas y medianas- carecen de estímulos para seguir operando.

A pesar de este contexto, el SAT sostiene que hay margen para captar más ingresos en favor de la hacienda pública. “En 2020 no hubo muchos programas de incentivos para clases medias y personas morales, pymes y mipymes. ¿Para qué les subimos las tasas? Si no hay nada a favor, que tampoco haya nada en contra”, afirma Raquel Buenrostro.

El análisis en torno de materializar una reforma fiscal en México, durante la actual administración, no ha sido reciente. De tiempo atrás se esperaba que al tercer año de la llamada cuarta transformación se cocinaría una política fiscal de gran calado. Ya con la pandemia, específicamente a principios de 2021, dicho análisis empezaba a inclinarse por evitar una reforma fiscal y, en cambio, aplicar algunos ajustes a la ley vigente y sostener la estrategia de fiscalización que, para los intereses del actual gobierno, ha rendido frutos.

“Desde que llegamos aquí, antes de que se vislumbrara la pandemia, teníamos mucha claridad de que teníamos que incrementar la recaudación. Ese fue uno de los encargos del presidente. Entonces, en ese momento, me tuve que dedicar a revisar los números para ver qué posibilidad había de incrementar los ingresos”, cuenta la jefa del SAT.

Lo que ha venido después ha provocado filias y fobias; el apoyo de un sector de la población, la furia de grandes contribuyentes, un encendido debate entre expertos fiscales, la sorpresa de muchos escépticos, terror entre algunos empresarios. Más allá de las cifras, la recaudación en 2020 no se desplomó, como se esperaba; mientras que para este año se proyecta una recaudación superior, aún y cuando la pandemia sigue entre nosotros.

“Sabemos que México, comparado con todos los países de la OCDE, está muy por debajo de las tasas de recaudación efectiva”, sostiene Raquel Buenrostro. “Así, cuando empezamos a revisar los números, nos dimos cuenta que los grandes contribuyentes recibían tratos preferenciales. Lo que nos cuentan los auditores es que en otras administraciones había instrucciones de no auditar ciertas empresas y no tocarlas”.

Durante la conversación, Raquel Buenrostro cita varios casos de evasión y elusión fiscales que, de corregirse, dispararían la recaudación para los próximos años.

“Tenemos varios sectores que no se habían auditado en los últimos 15 años, gigantes condonaciones por 400,000 mdp. Otra instrucción era no revisar las devoluciones y había grandes montos de solicitudes de devoluciones indebidas. Por otro lado, ¿qué nos dimos cuenta en las planeaciones fiscales? Que había despachos contables que proponían el mismo esquema de evasión fiscal o de defraudación a varios corporativos. También hemos encontrado deducciones o beneficios fiscales que sirven para tres contribuyentes, para dos. Encontramos un beneficio para un solo contribuyente”.

Los daños de la facturación falsa han sido diversos. Bajo la mirada de la autoridad, ésta se ha alimentado del tráfico ilegal de información de todos los contribuyentes.

Así lo explica Raquel Buenrostro: “El éxito de las factureras responde a que compran información y roban identidades. ¿De dónde sacan la lista de las nóminas y los RFC? En algún momento empezamos a tener muchas quejas porque encontramos jubilados del IMSS que tenían declaraciones por 80 mdp mensuales. Tenemos muchas empresas fantasma que no se pueden agarrar, ya que los socios y representantes legales tienen 18 o 90 años. Muy probablemente la gente esté muerta. También tuvimos el caso de alguien que recurrió al Régimen de Incorporación Fiscal (usado para personas físicas) y en un año facturó 48 billones de pesos (facturaba y cancelaba facturas sistemáticamente)”.

La política fiscal, vista en función de lo expuesto, es un queso gruyere y el diablo puede estar en cada uno de sus detalles. El fin de los privilegios y de los abusos tiene que ocurrir. Así como también la progresividad. Una política fiscal justa. Para todos.

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En próximas semanas, el gobierno hará pública su propuesta para la Ley de Ingresos de la Federación 2021. En este momento se siguen revisando, por ejemplo, exenciones fiscales que podrían ser eliminadas. Además, no se considera un impuesto a la riqueza y tampoco tasar la informalidad.

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